16

Opinión


EL EXAMEN DE INGRESO A LA EDUCACIÓN SUPERIOR

Diagnosticar y Prevenir. Una opción viable

Por Ragueb Chain R.*
El autor pertenece al Instituto de Investigaciones en
Educación de la Universidad Veracruzana
Correo e:
chain@dino.coacade.uv.mx

I

En unos cuantos años el Examen Nacional de Primer Ingreso a la Educación Superior (EXANI II) se ha consolidado como una importante opción en los procesos de selección, y se utiliza fundamentalmente para determinar el primer ingreso. Si bien, su utilización como instrumento para determinar el ingreso es su principal característica, y el Centro Nacional para la Evaluación de la Educación Superior (CENEVAL) recomienda mucha cautela en la interpretación y uso de los resultados como diagnóstico para evaluar instituciones, regiones e individuos, es común que se utilice como referencia para comparar y/o diagnosticar habilidades y dominio de contenidos.

Lo anterior es resultado de la aceptación de la prueba como punto de referencia, pero también del reconocimiento explícito de su capacidad para identificar zonas de excelencia o de crisis a partir de los resultados obtenidos por los sustentantes. Si bien los responsables del examen declaran que éste no ofrece un diagnóstico completo del nivel de conocimientos o las habilidades del estudiante, implícitamente reconocen que diagnostica parcialmente. Por otro lado, los datos obtenidos hasta ahora sugieren que el rendimiento académico de los estudiantes que ingresan, se asocia significativamente a los resultados obtenidos en el examen de admisión.

Sin dejar de reconocer que aún se está lejos de aceptar o demostrar la capacidad diagnóstica y/o predictiva del EXANI II, es posible y necesario precisar cómo pueden y deben ser interpretados los resultados, y en consecuencia qué ofrecen como herramienta para la planificación de tareas académicas que contribuyan a mejorar el rendimiento de los alumnos de primer ingreso.

La experiencia indica que existe un creciente interés de las instituciones, personal académico, padres y los propios sustentantes por los resultados del examen pero también es evidente que estamos frente al riesgo de un uso inadecuado de los resultados. En este sentido, es de suma importancia precisar sus alcances y limitaciones, así como definir los procesos para interpretar tales resultados y en consecuencia su uso posible.

II

En la Universidad Veracruzana, aproximadamente 25 de cada 100 estudiantes que ingresan abandonan sus estudios sin haber promovido las asignaturas correspondientes al primer semestre. Asimismo, la mayoría de ellos inician una carrera marcada por la reprobación y los bajos promedios en sus notas, que a lo largo de la carrera determinará en buena medida que en el tercer semestre la deserción llegue a casi 36%, y se vea incrementada semestre con semestre hasta alcanzar al 46% de quienes ingresaron.

Para cumplir con el objetivo de responder a las demandas sociales con más y mejores egresados, una de las metas de cualquier institución consiste en incrementar el rendimiento de los estudiantes, reducir la reprobación y el abandono para, en consecuencia, lograr índices de aprovechamiento y de eficiencia terminal satisfactorios. Esta última, unida a la evaluación del rendimiento de los estudiantes por la vía de los exámenes de egreso y la incorporación exitosa de los egresados al mercado de trabajo, constituyen indicadores importantes para medir nuestra eficacia como institución.

Para mejorar estos indicadores es indispensable consolidar una oferta educativa de calidad; en otras palabras, mejorar el servicio que se ofrece a los estudiantes. Por supuesto que el adecuado desarrollo de la función escolar es un asunto complejo en el que convergen múltiples aspectos de la organización universitaria en su conjunto, tales como el nivel de formación y profesionalización de los docentes, la manera en que se organiza el trabajo académico, el curriculum, los apoyos materiales y administrativos, además de las características de los estudiantes.

En este sentido, a lo largo de estos años se han desarrollado diversas estrategias para atender estos problemas. Aún sin haber agotado todas las posibilidades, se avanza en la formación de profesores, cambios en los planes de estudios, equipamiento de laboratorios, centros de cómputo, bibliotecas, etc. Además se han incorporado procesos de selección que se caracterizan por su organización, credibilidad y utilización de pruebas adecuadas al nivel superior.

Sin embargo, los asuntos referidos a las características de los estudiantes no han tenido la suficiente relevancia. En la mayoría de las instituciones se opera desde el supuesto de una cierta homogeneidad de los estudiantes, tanto en lo correspondiente a sus habilidades básicas como en los conocimientos que dominan. Las capacidades y conocimientos indispensables para desarrollar una carrera universitaria se dan por supuestos a pesar de que no es un secreto que la escolaridad elemental y media no necesariamente los proporcionan.

Frente a esta situación no es difícil aceptar que muchos de los esfuerzos por mejorar la oferta educativa se ven limitados, sobre todo cuando quienes ingresan alcanzan un promedio de 63 respuestas correctas, que representan el 42% de los aciertos posibles; más grave aun es que el 25% de ellos respondió en promedio acertadamente sólo 47 preguntas, es decir, apenas el 31% de aciertos posibles.

Con relativa suficiencia, y con el cuidado que los responsables del EXANI II recomiendan, es posible suponer con cierto grado de certeza que estos estudiantes no dominan plenamente las habilidades, la información y los conocimientos indispensables para utilizar de la mejor manera posible los recursos que la universidad pone a su disposición. En consecuencia este grupo de estudiantes, puede representar la mayoría de quienes obtienen bajos rendimientos, mayores índices de reprobación y abandonan sus estudios.

Por ello, sostenemos que los resultados pueden ofrecer indicios importantes sobre aquellos alumnos que debido a su bajo rendimiento académico son candidatos a desarrollar una trayectoria escolar de bajo aprovechamiento y reprobación, que conducen, en la mayoría de los casos, a la deserción.