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LA RESPUESTA DE BLAKE JORGE DE LA PAZ Departamento Editorial, ANUIES. En sus años de madurez, William Blake -ese virtuoso de la intransigencia- escribe "Inspiration & Visión was then & now is, & I hope will always Remain, my Element, my Eternal Dwelling place..." (Entonces como ahora, la inspiración y la visión han sido y espero serán siempre mi elemento y mi eterna morada.) Blake nunca fue a la escuela. Tampoco lo lamentó: Thank God, I never was sent to school To be Flog'd into following the Style of a Fool. Discípulo de la imaginación, rechaza la escolaridad estéril. Su alma no sabe de estrechuras. Adiestrado en las sendas de Dios, su palabra sólo encuentra modelos en la aurora inicial de la creación. Lo que habrá de determinar su recto amor a la verdad es la voz apasionada de los ángeles. Su vida será un laberinto de visiones. Su mirada atestigua un día el primer sobresalto. Ha visto a Dios. Una noche contempla -corona de luz- un árbol colmado de ángeles. Otro día habrá de ver la recia figura del profeta Ezequiel en el recodo de un camino. Son los años de la infancia. Las visiones se suceden en medio del estupor incrédulo de los padres. En los años de adolescencia ve a Cristo en la abadía de Westminster. Erguidos, los doce apóstoles le acompañan. Un día descubre -afanes del pintor- una nueva técnica. Más tarde, declara que José, el carpintero sagrado, le ha revelado el secreto. En 1878, muere Roberto, el hermano. A la vuelta de unos años, Blake asegura que suele conversar con él largas horas. Oráculo del trasmundo, su hermano le revela los arcanos y le dicta las mejores páginas. Otra vez habrá de dialogar con el resplandor misterioso de un ángel. Blake - estímulo de una lectura- se pregunta cómo pintar un ángel. La aparición alada le dice que sólo Miguel Angel sabía pintarlos. Blake adelanta sus dudas y Gabriel, el arcángel, repone "Lo sé porque he posado para él." Pero es Urizen, ese Yahvé vengativo, creador de la inmensidad mitológica que es el universo de Blake, la visión que dejará honda huella en la vida del poeta. Atareado con las ilustraciones para la "Divina Comedia", pasa el poeta los días últimos de su enfermedad final. Ha terminado -obra maestra cierta- las ilustraciones del "Libro de Job." Vislumbre telúrico del amor, de Dante nos legará un grabado excepcional Paolo y Francesca en el infierno. Es en esas horas arduas cuando habla con Crabb Robinson sobre los estados de alma. Le hace relatos dilatados de sus visiones y de los conciliábulos de otros mundos. Le cuenta que en sus andanzas visionarias ha recopilado los proverbios del infierno. Confiesa que sólo cuando los espíritus lo disponen, toma la pluma y que entonces ve cómo las palabras flotan a su alrededor en forma de espirales nebulosas. La alegoría es imagen. Pertenece a la fantasía. Es varia invención de lo visible. La visión esta hecha de símbolos. Pertenece a la imaginación. Expresa las esencias invisibles. Es la voz del misterio. Blake, como Swedenborg -el maestro perdurable- ha sido un habitante inmoderado del mundo visionario. En 1789, aparece su libro "Songs of Innocence" (Cantos de Inocencia). Lo reimprime en 1794, pero añade un nuevo ciclo: "Songs of Experience" (Cantos de Experiencia). Las dos series configuran su evangelio de la imaginación. El fervor teológico de Emanuel Swedenborg ilumina todo el libro. Coleridge lo lee y apunta en una carta: "He is a man of genius -and I apprehend a Swedenborgian - certainly, a mystic emphatically" (Es un hombre genial - y entiendo que un seguidor de Swedenborg -indudablemente y categóricamente un místico). Los cantos están escritos en el elevado tono lírico de las obras maestras. Estados contradictorios de alma, la inocencia y la experiencia instauran la armonía. La voz del poeta es fuerza de profecía. Blake comentará después "The authors are in Eternity" (Los autores están en la eternidad.) Para Blake la Caída, ese tránsito inexorable de la inocencia a la experiencia, es el paso que señala la expulsión del paraíso terrenal. La inocencia, estado de perfección inconcluso, es el paraíso. La experiencia, eco del tiempo y origen de la memoria, es el edén. El hombre come del fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal y nace la razón. La falsedad y la muerte ensombrecen la vida. La pérdida de la inocencia - desesperanzada amargura de Dostoyevski - no es la tribulación esencial de Blake. Tampoco el pecado original. El contexto sexual de la Caída es herejía insostenible. Sabe que lo que precipita la expulsión es la idea de suplantación que germina en el corazón de Eva y Adán. El mismo será víctima de la insidia de la serpiente. La preocupación esencial de Blake es la imaginación, ese fruto prodigioso del árbol de la vida. Tribulación sin término será para el poeta la pérdida de esta facultad. La imaginación creadora es el único punto de equilibrio entre la inocencia y la experiencia. Blake propone eludir la Caída - ese descenso de la eternidad al tiempo. Entrar al mundo de la experiencia con esa fuerza que hace que los ojos vean más de lo que sabe el corazón. Sin esta fuerza, la razón destruye el mundo. Sólo la ira del tigre puede restablecer el equilibrio "The tygers of Wrath -nos dice- are wiser than the Horses of Instruction" (Los tigres de la ira son más sabios que los corceles del conocimiento). Su pensamiento se desliza hacia el infierno. El tigre - esa fiera sin arquetipo de su poema incomparable- es ya una prefiguración de Satán:
Todo lo que está más allá de la inicial ocupación de la Tierra es nostalgia de la muerte. Secuencia deliberada de interrogantes, el poema es una letanía de la duda. Blake contrapone símbolos y barrunta la respuesta. En otro libro "The Marriage of Heaven and Hell" (El Matrimonio del Cielo y el Infierno), esta respuesta será un reto a los "Arcana Coelestia" de Swedenborg. Cifra del demonio es la simetría aterradora del tigre. El fulgor de sus ojos es un desafío a la bondad del Creador. El poeta lucha con Satán y vence a la sombra. Es la luz del infierno la que arde en los bosques de la noche. El aire denso del poema es atmósfera de alquimia. En el "Tractatus Aureus", atribuido a Hermes, se lee "Yo creo la luz, pero mi naturaleza está hecha de tinieblas." Ese "lumen" es el hálito de un "daemonium". La influencia de Cornelius Agrippa es evidente. Hecho de palabras, el tigre de Blake es un símbolo de usurpación. El poeta habrá de corroborar su sentido. El Leviatán de su infierno tiene en la frente la marca del felino deslumbrante. El poema se hunde en el misterio de la creación. El llanto de las estrellas sugiere el predominio de las tinieblas. Conmovido, Blake se pregunta si el incierto creador habrá sonreído al contemplar su obra. La sospecha se bifurca: ¿Fue la misma mano la que trazó el halo de mansedumbre del cordero y el surco fiero del tigre? La parafernalia del fuego -yunques, martillos, fraguas- es una diagonal de la incertidumbre. Blake presiente que la voz que encendió el fuego en los ojos del tigre fue la voz de Satán. Intuye apenas que la luz no brilló por primera vez en las lejanías eternas del cielo, sino en las profundidades abismales del tiempo. Inconsciente de la gravedad de estas implicaciones, olvida que en el mundo de la alquimia Dios está por debajo del hombre. Lo que en Agrippa es actitud consciente, duerme disimuladamente en el trasfondo del alma cristiana de Blake. El poeta perfila su idea infernal de la imaginación. Dios y Satán han intercambiado lugares. En sus años de formación, Blake se interesó en el mundo visionario de Swedenborg. Pensaba que las obras del místico sueco eran "foundations for grand things" (cimientos para grandes cosas). Influencia de signo celestial, Blake la convierte en proclama del infierno. Afirma que las visiones de Swedenborg son delirios triviales y denuncia la estrechez de pensamiento del maestro: "Now hear a plain fact Swedenborg has not written one new truth. Now hear another: he has written all the old falsehoods. And now hear the reason: he conversed with Angels who are all religious & conversed not with Devils who all hate religion, for he was incapable thro' his conceited notions" (ahora oigan un hecho simple: Swedenborg no ha escrito una sola verdad nueva. Oigan otro ahora: Ha escrito todas las viejas mentiras. Oigan ahora la razón: conversaba con los ángeles que son todos ellos religiosos, pero nunca conversó con los demonios que odian la religión porque sus engreídas nociones se lo impidieron). No obstante, en sus últimos anos, Blake escribe: "O, Swedenborg! The Samson shorn by the churches" (Oh, Swedenborg, ese Sansón esquilmado por las iglesias!). En la teología de Swedenborg, Dios es el Señor. "El es uno con el Padre -palabras de San Juan- ya que el Padre está en El. Quien lo ve, ve al Padre; y todo lo santo viene de El." Punto de equilibrio entre el desasosiego de los demonios y la inmovilidad de los ángeles, hay un límite incierto donde la penumbra se escinde. Ese lugar es el soporte de las esferas opuestas. Resplandor del bien, la fuerza del cielo es la bondad. Dios la ha sembrado para los rectos. Estar en la verdad es semejanza de Dios. Los cielos de Swedenborg son esferas de la inteligencia. Fruto oscuro del mal es la falsedad. Carece de fuerza. Los infiernos de Swedenborg son esferas de la insensatez. La fuerza del cielo -equilibrio de acción y reacción- es la mano de Dios. Entretejido en este equilibrio espiritual, el hombre es dueño de la libertad. Diversidad infinita es el cielo. El reino celestial es la morada de Dios. Angeles excelsos lo habitan. De ellos ha dicho Jeremías: "Pondré mi ley en su espíritu y la escribiré en su corazón." Son los dueños de la verdad. La esfera de un ángel excelso abarca todo el cielo. El amor al Señor es su fuerza. Trono de Dios es el reino espiritual. Angeles inferiores lo habitan. Su fuerza es el amor al prójimo. Escala de semejanzas del bien, los ángeles residen en tres cielos escalonados. Involucrados en un bien común, ocupan comunidades incontables. Infinita variedad es la índole del bien y cada ángel es dueño de un bien único. En su totalidad, el cielo tiene la forma de un hombre. El tiempo y el espacio son una intromisión de lo corpóreo. Anulación de la eternidad es el tiempo. No existe en las alturas. Es un descenso. El espíritu es ascención. Carece de distancias. En el cielo no hay espacios. Hay sólo estados de alma - parcelas de la eternidad - y transformaciones espirituales - distancias del bien. Los ángeles y los demonios piensan y actúan consecuentemente. No pueden pensar una cosa y hacer otra. Sólo el hombre puede pensar y alzar su mirada hacia Dios o alejarla. El ha plantado en el huerto feraz el árbol del Conocimiento del Bien y el Mal. Una respuesta violenta al cielo de Swedenborg es el libro de Blake "The Marriage of Heaven and Hell." Este trabajo habrá de ocupar un lugar peculiar dentro de su obra. Escrito esencialmente en prosa, la poesía y los dibujos -como en los "Cantos de Inocencia y Experiencia" -entrelazan sus sentidos. La coloración ilumina las palabras, les presta acentos encendidos de espíritu. La palabra atenúa y profundiza las insinuaciones espectrales de los dibujos. Libro paradójico e irónico, la trama es insólita. Está hecho de atisbos terrenales y de conjeturas sobrenaturales. La fuerza y la sugerencia del tratamiento simbólico es alucinante. La imaginación le presta sentidos innumerables a la razón. Blake cava en las sombras para encontrar la luz. En el pensamiento de Swedenborg, la palabra de Dios, germen de toda creación y tema de los infinitos sesgos de la belleza, es la fuerza del cielo. La palabra sagrada, en la mística oscura de Blake, es un engaño perpetuo. Tortuoso alfabeto de la iniquidad, la Biblia entorpece la vida del hombre. El culto a Dios, ese padre áspero, es lazo de opresión y atadura de hierro. Sacramento esencial es para Blake la imaginación. El poeta aborrece el consorcio de los torpes. No alza su alma a cosas vanas. Levanta al hombre a la altura de Dios y declara que el arte es la sola religión, pero exige fidelidad al ángel del mal. Se deja seducir por el fuego. Su alma tarda elige el valle de las sombras, ese lugar donde los días albergan llanto. Opone a la pasividad del cielo de Swedenborg, la energía creadora del infierno. Sin oposición -nos dice- no hay evolución creadora. Invierte causa y efecto y propone un desenlace deplorable. Los ángeles y los demonios intercambian lugares. Las huestes de Satán ocupan el cielo y el mal simula la voz del bien. Blake impugna la teología árida de Swedenborg y proclama el evangelio del nuevo mesías. El poder de la voz del demonio es el único sentido de la vida espiritual. Abolida la tiranía de Dios, el hombre será libre porque aceptar que todo lo que vive es sagrado es el perdón de los pecados. En la última fantasía de su libro, un demonio envuelto en llamas discute con un ángel. Recalca que Jesús es la virtud porque quebrantó todas las normas. Enseguida aduce ejemplos y argumentos y persuade a su enemigo. Demonio y ángel se reconcilian. El ángel abraza al demonio, se desvanece en las llamas y asciende convertido en Elías. Blake nos cuenta que ese ángel es ahora un demonio y su amigo más íntimo. Juntos escudriñan a menudo el sentido infernal o diabólico de las Escrituras. Confidencia final, el poeta nos revela la existencia de otra biblia. Satán la ha dictado y tarde o temprano el mundo habrá de leerla. Ejercicio de la virtud es la doctrina de Swedenborg. El cielo no es una recompensa. Es elección inteligente. Cada uno de los pasos del hombre ensancha o estrecha su ruta celestial. Los necios no alcanzarán el cielo. El infierno de Blake es un símbolo deliberadamente pervertido de la libertad. Ciudadano de la eternidad, la belleza, ese lenguaje del paraíso, es su credo. Su dogmática -nuevo pacto- es un arcoíris del deseo. Blake trata de vencer con el arte esa muerte lenta del espíritu que los hombres llaman progreso. El arte es la verdadera latitud del corazón. Sólo los artistas alcanzarán el cielo. |