LA CARTA DE BOGOTA SOBRE UNIVERSIDAD Y MEDIO AMBIENTE
EDGAR GONZALEZ GAUDIANO
Contenido del Artículo:
INTRODUCCIÓN
|
(1) Taller subregional de educación ambiental para la enseñanza secundaria. Chosica, Perú. 1 al 19 de marzo de 1976. Informe final. UNESCO-Ministerio de Educación del Perú. (2) Reunión regional de expertos de educación ambiental en América Latina y el Caribe. Bogotá, Colombia. 24 al 30 de noviembre de 1976.
Particularmente para la educación superior, en 1985 se realizó el seminario de Bogotá "Universidad y Medio Ambiente en América Latina y el Caribe", donde se analizó el importante papel que desempeñan las universidades en los procesos de desarrollo y, por lo mismo, el imperativo de vincular la educación superior con la temática ambiental. Uno de los resultados de esta reunión fue la elaboración de la carta que proporciona el título de este trabajo, la cual, por su importancia, comentaremos desde algunas perspectivas teóricas y en el marco de lo que constituye la actual política gubernamental. La carta establece doce puntos que, a continuación, se transcriben:
De la lectura de este documento se desprenden un conjunto de reflexiones que refieren, por un lado, al concepto mismo de dimensión ambiental, y por otro, a la situación particular de las instituciones de educación superior en el país en las actuales circunstancias. En cuanto al primer punto, dentro de la carta de Bogotá se expresan consideraciones que apelan a la dimensión ambiental en tanto componente indispensable de un proceso de desarrollo sostenido que, a la vez, posibilita el análisis sociopolítico en el marco del orden económico internacional y en relación con los mecanismos de reproducción ideológica y cultural, para comprender las crisis económicas y políticas en que se han desenvuelto nuestros países, hasta como eje articulador del currículo universitario y reformulador de la función social de las instituciones de educación superior. Lo anterior pudiera parecer muy ambicioso, sobre todo si no acaba de entenderse el concepto mismo de dimensión ambiental. Esta noción que tiene un uso cada vez más frecuente dentro del discurso ecologista actual, pretende englobar un conjunto de factores de diverso tipo (ecológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, etc.) y se distingue de otros conceptos, a los cuales se les asigna un carácter más particular, tal como la educación ambiental. En ocasiones, el término de dimensión ambiental es empleado para designar un cierto enfoque, una perspectiva, que permite analizar determinadas prácticas y proyectos para denotar qué tanto toman en cuenta los impactos ambientales. Sin embargo, el uso más común se asocia a una visión holística, en donde su posibilidad práctica transita por la formación de grupos interdisciplinarios, con la idea de intentar abordar la realidad desde una perspectiva múltiple e integradora. La realidad, así, se concibe como un complejo de relaciones que se encadenan mutuamente y que en su interacción dan origen a nuevas relaciones y propiedades. La dimensión ambiental vista con esta óptica, supone reconsiderar la idea de sistemas, en tanto conjuntos independientes de variables, para dar paso a una idea de configuración dinámica en la que, de manera permanente, los cambios en las condiciones y circunstancias ambientales, determinan nuevos procesos en el todo y en cada una de sus partes. De este modo, la dimensión ambiental es un componente presente en las distintas prácticas del hombre y, en consecuencia, debe ser considerada dentro de los currículos de las diversas carreras profesionales, sobre todo en aquellas que producen mayores impactos ambientales y en las que prefiguran las pautas del comportamiento social. Desde luego que en cada disciplina subyace un modelo particular que determina, en gran medida, la lógica ordenadora de SUS contenidos, lo cual debe ser tenido en cuenta para localizar los mecanismos más apropiados a fin de que la dimensión ambiental se exprese en el marco de cada quehacer. Sin embargo, un asunto contenido en la carta de Bogotá, sin ser suficientemente explícito, deja translucir una posición de la universidad como un instrumento tendiente a la reproducción ideológica y cultural de los sectores hegemónicos. Al respecto, nuestra posición coincide con los planteamientos críticos(3) que conciben a la escuela en general, no como centros que automáticamente responden a dictados externos reproductores de las condiciones sociales, sino como espacios de lucha y resistencia, en los cuales se confrontan posiciones divergentes y antagónicas. En palabras de Giroux y McLaren,(4) "la teoría de la reproducción de la escuela es, básicamente, una forma reactiva de análisis, que simplifica repetidamente la complejidad de la vida social y cultural y, en última instancia, ignora la creación de un discurso teórico que trascienda los imperativos de posibilidad dentro de las existentes configuraciones de poder capitalista". (3) Ver Michael W. Apple. Educación y poder. Barcelona, Paidós, 1987, 209 pp (4) Henry A. Giroux y Peter L. Mc Laren. Lenguaje, escolarización y subjetividad: más allá de la pedagogía de la reproducción y la resistencia. En Antologías de la ENEP-ARAGON, "Sociedad, cultura y educación", abril de 1989.
Al considerar a la escuela como espacio tanto de reproducción como de producción, de ideologías, en donde se asumen formas culturales, pero también se generan nuevos estilos y concepciones, puede entenderse la posibilidad que se tiene de reformular los modelos vigentes de planeación, conducción y evaluación del hecho educativo. La dimensión ambiental, entonces, puede constituirse en un recurso de análisis teórico y político para revisar, más allá de los estrechos marcos a los que se ha pretendido circunscribir a la escuela y, particularmente, la universidad, las condiciones globales existentes. Areas específicas de la pedagogía como la economía de la educación, el currículo y la evaluación adquieren un arco más amplio de posibilidades. Por ello es que la dimensión ambiental es capaz de poner de manifiesto no sólo el estilo de desarrollo que se impulsa y sus concomitantes implicaciones en el proceso de acumulación del capital, sino incluso las formas específicas del ejercicio del poder, al ser incorporada en el análisis de una práctica profesional determinada en su vinculación con las instituciones del país. No deja de ser evidente que la calidad de vida es directamente proporcional al nivel socioeconómico, aunque existen aspectos de los medios rural y urbano que requieren ser tomados en cuenta. En este sentido, habría que analizar el papel que juegan los egresados universitarios en términos de practicas aisladas, resultado de una organización institucional en "facultades, institutos y departamentos alrededor de una división compartimentada de las disciplinas, que dificulta el ejercicio interdisciplinario para el análisis de la temática ambiental", lo cual se agudiza por el hecho de que "muchas universidades permanecen aisladas de los problemas de las comunidades y de las instancias de toma de decisiones, al tiempo que se dificulta la participación comunitaria en las políticas del desarrollo y en la gestión de sus recursos".(5) La necesidad que recurrentemente se plantea en cuanto a que las instituciones de educación superior deben atender, en primera instancia, los requerimientos de los grupos mayoritarios y más desprotegidos de la población, vuelve nuevamente a emerger, sobre todo, ante la crisis que se ha padecido durante el último decenio. Con seguridad este será uno de los tópicos que más se debatirán en el largamente anunciado congreso de la UNAM. (5) UNESCO Y PNUMA. Universidad y Medio Ambiente en América Latina y el Caribe. Seminario de Bogotá. 28 de octubre al 1o. de noviembre de 1985, p. 18.
Aunado a lo anterior, los grandes y acelerados cambios que se están dando en el país, relacionados con la democratización y la recuperación económica, entre otros, mismos que han sido recogidos en el Plan Nacional de Desarrollo 1989-1994 y, suponemos tendrán expresión en los correspondientes programas sectoriales, le otorgan una gran importancia a los aspectos referidos a la protección del medio ambiente. Las políticas respectivas en materia de ciencia y desarrollo tecnológico, educación y modernización de la economía incorporan como condición necesaria la variable ambiental. Particularmente, "la disposición del ejecutivo federal de incorporar la variable ambiental en todas sus actividades vinculadas al desarrollo, prevenir el deterioro ambiental además de restablecerlo, y promover una firme y más amplia participación, en este sentido, de estados y municipios",(6) lleva un especial mensaje a nuestras máximas casas de estudio, toda vez que se requiere fortalecer en cantidad y calidad a los profesionales que realizarán dichas tareas: evaluaciones de impactos ambientales, determinación de causas y factores en regiones críticas, desarrollo de tecnologías apropiadas para la recuperación de ecosistemas, etc. Ello podría derivar en la obtención de recursos financieros adicionales para las instituciones de educación superior, así como en el reforzamiento del vínculo entre éstas y los grandes problemas nacionales. Política, economía, educación y calidad de vida están unidas por el hilo conductor de la dimensión ambiental.
(6) PND 1989-1994. México, SPP, 1989, p. 121. |