PREVIENDO EL FUTURO DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN MÉXICO

EMILIO GIDI VILLARREAL*
* Rector de la Universidad Veracruzana. Texto leído en el ACE/ANUlES Seminar. Mexican Rectors and U.S. Presidents and Chancellors, New York University, october 5-71994.

Contenido del Artículo:
INTRODUCCIÓN
ECONOMÍA Y EDUCACIÓN SUPERIOR
DESARROLLO Y EDUCACIÓN SUPERIOR
ALGUNAS CARACTERÍSCAS DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN MÉXICO EN EL SIGLO XXI
ALGUNAS VÍAS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR DEL SIGLO XXI
EL PAPEL DEL LIDERAZGO EN LA TRANSFORMACIÓN DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN MÉXICO
NOTAS
 

INTRODUCCIÓN Contenido
Para esta reunión, se me ha pedido bosquejar una imagen del futuro de la educación superior en mí país, y para comenzar, me gustaría presentar algunos puntos de reflexión que obligadamente he tenido que abordar para llevar a cabo este ejercicio.

Aun cuando me he beneficiado de reflexiones hechas por prominentes estudiosos mexicanos en torno a la educación superior y el desarrollo, el presente trabajo constituye una visión personal. Es un ejercicio parcial de elección de un futuro. Espero que en conjunto, en esta reunión, podamos explorar futuros alternativos que sean de beneficio para nuestros países y para nuestras sociedades.

Abordaré brevemente los dos grandes compromisos que en mí opinión enfrenta la educación superior mexicana; ambos enmarcan el escenario futuro de este nivel educativo.

ECONOMÍA Y EDUCACIÓN SUPERIOR Contenido

Dentro del contexto económico, el gran reto de la educación superior en México es transformar a sus instituciones en entidades potenciales de desarrollo de nuevos conocimientos y vínculos con la producción nacional e internacional.

Actualmente México se encuentra inmerso en un proceso de integración internacional con sus vecinos de América del norte. En este proceso se espera que México logre en 15 o 20 años una reestructuración tecnológica que aumente su competitividad internacional mediante la introducción progresiva de nuevos procesos tecnificados y la producción de nuevos bienes y servicios. Dentro del amplio territorio integrado por Estados Unidos, Canadá y México se esperan a futuro amplios movimientos de inversión y de expansión masiva de la organización transnacional. Estos, junto con el consecuente reordenamiento interno de la economía mexicana, aparecen como elementos importantes para la comprensión de los escenarios futuros de la educación superior en el México del año 2000. Veamos brevemente por qué.

México enfrenta el reto de crear una capacitación en ingeniería, en administración y en ciencias que le permita una inserción adecuada a los procesos de integración internacional.

Al interior del país será necesario desarrollar una capacidad para llevar a cabo la reestructuración tecnológica a que se aspira. La futura evolución económica y tecnológica del país dependerá de la educación de la fuerza de trabajo y, sobre todo, del desarrollo de una capacidad en educación superior, ciencia y tecnología sólida y de punta.

Esto es así porque los nuevos sectores de industrialización esperados se relacionan con las nuevas tecnologías, la electrónica, la biotecnología, los nuevos materiales y las telecomunicaciones, sectores que dependen de una creciente innovación tecnológica y de la creatividad científica.

La reestructuración interna de la industria y la inserción exitosa del país en la economía internacional dependen actualmente de procesos de transferencia de tecnología. Debemos pasar de un aprendizaje local de los conocimientos para asimilar esa tecnología, a un franco proceso de desarrollo, y producción de innovaciones. México deberá crear su propia capacidad intelectual. Todos estos elementos están vinculados directamente a la vida académica de las universidades y centros de investigación públicos o privados, en donde el conocimientos es el principal factor de la producción.

DESARROLLO Y EDUCACIÓN SUPERIOR Contenido

Por otra parte, imaginar el futuro de la educación superior mexicana nos conduce también a plantearnos la pregunta de qué México queremos. Y esto implica, aunque sea de manera sucinta y muy generalizada, decir un par de palabras en tomo al desarrollo.

Veo con cierto desasosiego que el concepto de desarrollo lo igualamos frecuentemente al de crecimiento económico. Con el paso del tiempo hemos reducido nuestra reflexión sobre el desarrollo casi exclusivamente a la economía. Y cuando intentamos pensar en otras direcciones terminamos irremediablemente por imprimir un sesgo economicista a nuestras reflexiones. Esta visión de la realidad no debe limitar nuestras capacidades de imaginar futuros donde los individuos, las familias, las comunidades, sean los verdaderos protagonistas.

Desarrollo es más que crecimiento económico. El desarrollo es más que mecanismos de regulación, instrumentos financieros, tasas de cambio y producto interno bruto. El desarrollo tiene que ver con la calidad de vida en nuestros espacios vitales (comunidades, vecindarios, centros de trabajo); tiene que ver con la movilidad social; con el desarrollo comunitario; con la libertad de decidir sobre nuestro futuro; con la dignidad y el respeto. La educación superior en México tiene entonces ante sí otro conjunto de desafíos que se derivan de nuestra visión del desarrollo futuro.

ALGUNAS CARACTERÍSCAS DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN MÉXICO EN EL SIGLO XXI Contenido

Bajo las anteriores consideraciones, creemos que la educación superior en México en el siglo XXI tendrá que estar cumpliendo tres grandes aspiraciones.

Primera. Fortalecer el concepto del desarrollo endógeno: México no puede adoptar una actitud fundamentalista y aislarse del resto del mundo. Irreversiblemente, las relaciones económicas y políticas, la expansión de los medios de comunicación y los efectos de la actividad humana en el medio ambiente tienen una dimensión global. Debemos estar preparados para poder identificar tanto amenazas como desafíos y oportunidades en esta globalización.

Pero la única manera de insertarse en un sistema global de manera exitosa es partir de dar respuesta a los problemas y necesidades internos. Si la universidad tiene una vocación universalista, debe responder a exigencias sociales y culturales específicas de su entorno.

Al respecto las Instituciones de Educación Superior del siglo XXI debieran tener como marco de referencia los siguientes objetivos:

I) Contribuir al logro de una distribución más equitativa de la riqueza y elevar la calidad de vida de la población.
II) Contribuir al incremento de la producción y a la explotación de los recursos naturales de nuestro territorio, en una perspectiva de desarrollo sustentable.
III) Desarrollar respuestas tecnológicas a los problemas económicos, atendiendo a las diferencias antroposociales y ambientales de las regiones del país.
IV) Coadyuvar al desarrollo integral y humanizado del individuo y las comunidades, frente a las tendencias economicistas y especulativas.

Segunda. Consolidar su papel promotor del humanismo, las artes y la cultura: Actualmente el panorama que ofrecen las Instituciones de Educación Superior mexicanas es de una gran diversidad. Habrá que luchar en contra de una tendencia hacia la normalización de la educación superior que favorece unívocamente a los enfoques eficientistas de la economía mundial. Pero tampoco se trata de rechazar "lo moderno" por "lo tradicional".

El sistema de educación superior del siglo XXI debe favorecer la diversidad de las instituciones. Es la única manera de responder a la diversidad cultural y natural del país y a los retos extemos. Así como deberá haber Instituciones de Educación Superior altamente especializadas en tecnología de punta, otras estarán dedicadas al desarrollo de tecnología intermedia. Otras se especializarán en alta gerencia de negocios, pero seguirá habiendo instituciones de prestigio en el campo de las ciencias sociales. No só1o las disciplinas de la ingeniería, la pedagogía y el derecho, por ejemplo, deberán reflejar los cambios de la nueva sociedad del siglo XXI. Enmedio de todo esto, las artes deberán de gozar de un impulso renovado. El teatro, la danza, la música, la literatura y las artes plásticas están llamadas a cumplir, quizá con más urgencia que nunca, con su papel de desarrollar el espíritu humano. Al mismo tiempo que las artes podrán estar en contacto con las expresiones populares y tradicionales, también podrán gozar de los adelantos de la tecnología: nuevos materiales, electrónica, multimedia, realidad virtual, entre otros.

Tercera. Contribuir a la construcción del futuro: La característica de los tiempos actuales no consiste tanto en los cambios que ocurren en diversos órdenes de la vida, sino más bien en la velocidad con que ocurren dichos cambios. Esta situación pone en entredicho el concepto de que el objetivo de la educación superior en México es preparar a los cuadros de expertos en las distintas ramas del conocimiento que requiere la sociedad.

El problema es que si se prepara a los especialistas para trabajar en el mundo de hoy, cuando terminen su educación ese mundo ya habrá cambiado y se habrá convertido en otro mundo: el de mañana. El dilema es transformar a la educación superior en una educación para el futuro. Para cumplir con las nuevas metas que le señala la sociedad, la educación superior tendrá que sufrir transformaciones tan radicales como las de la propia sociedad. Estos cambios deberán ocurrir al menos en tres sentidos.

El primero consiste en cambiar nuestra actual división de las especialidades o áreas del conocimiento. Aquí la tendencia es claramente una transición hacia la multi e interdisciplinariedad, con la emergencia de nuevos especialistas. La segmentación del mercado de trabajo, por ejemplo, requiere de habilidades que combinan mayores niveles de capacitación, mayor movilidad y flexibilidad en el uso de los conocimientos generales, nuevas áreas específicas, adaptabilidad y comunicación, y complejos niveles de especialización1.

El segundo ámbito donde la educación superior debe cambiar sustancialmente para enfrentar el futuro es el de su estructura. Para que nuestras instituciones puedan anticiparse y salgan al paso a los cambios sociales, en vez de que sólo los sigan con retraso y de lejos, la educación superior debe ser dinámica y flexible. Una estructura pesada, compleja y difícil de manejar, con burocracias administrativas incrustadas en todos sus procesos casi garantiza que en el futuro inmediato sea rebasada por otros esquemas y procedimientos que sí cumplan con las funciones requeridas, no necesariamente dentro del marco universitario2.

El tercero debe cambiar la educación superior es su filosofía. Todos estamos de acuerdo en que la esencia de la educación superior es la investigación y la formación de individuos capacitados para generar nuevos conocimientos de manera independiente. Pero los nuevos conocimientos de mañana forman parte de la realidad que hoy desconocemos, por lo que la educación superior debería convertirse en una preparación para el futuro. Hay que agregar la la educación superior la filosofía no sólo de la investigación sino de la creación de lo desconocido. La transformación de la filosofía de la educación superior requiere incorporar la idea de que, además de comprenderlo, el conocimiento del mundo debe tener también la función de anticiparlo y crearlo.

ALGUNAS VÍAS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR DEL SIGLO XXI Contenido

Las transformaciones que son necesarias para que la educación superior en México enfrente los retos del próximo siglo son abrumadoras y complejas. No son sólo los cambios de carácter técnico, sino también involucran aspectos culturales y políticos. Si bien el espectro de las tareas que debemos emprender es muy amplio, he seleccionado sólo tres aspectos que me parecen cruciales para la transformación de nuestra educación superior.

El primero se refiere a la consolidación de un verdadero sistema de la educación superior en México. Sabemos que actualmente este sistema existe, pero me parece que en muchos sentidos es más bien de carácter formal.

Hay mucho que hacer, por ejemplo, en materia de vinculación y cooperación interinstitucional. Pretendemos estar listos ya para la vinculación y la cooperación internacional pero la comunicación y el intercambio entre nuestras Instituciones de Educación Superior son todavía incipientes. Si bien es cierto entre las universidades públicas, para el caso de la relación entre universidades, tecnológicos y escuelas pedagógicas el panorama es desolador. Lo mismo se puede decir de la relación entre universidades públicas y universidades privadas. Tenemos mucho camino que recorrer en materia de intercambio académico, en desarrollo de programas de estudios de licenciatura y posgrado interinstitucionales, y realización de investigación científica y tecnológica conjunta.

La diversidad cultural y geográfica de México son factores que podrían favorecer una mayor realización en la oferta de estudios. Regiones con diferentes características podrían consolidar verdaderos subsistemas relativamente especializadas en diversas áreas y disciplinas del conocimiento. Se podrían consolidar, por ejemplo, subsistemas especializados en recursos hidrológicos (oceanografía, acuacultura, ingeniería). Otros podrían orientarse a las actividades industriales (desarrollo de tecnología, administración, comercialización, diseño de proyectos). En fin, podríamos encontrar dentro de los límites de nuestro propio territorio diversas oportunidades de articulación entre las Instituciones de Educación Superior.

Un segundo aspecto se refiere a la diversificación del financiamiento de la educación superior. No es posible pensar en el desarrollo de la educación superior mexicana sin una política orientada específicamente a mejorar las condiciones financieras de las instituciones.

Se requiere que las instituciones educativas mejoren y diversifiquen la captación de sus recursos financieros. Claro que paralelamente a esto también es necesario que perfeccionen sus sistemas de administración, racionalización del gasto y de planeación. Existe un número de mecanismos financieros que es necesario promover de manera articulada en las instituciones públicas:

a) Los fondos provenientes del gobierno (federal, estatal o ambos), que seguirán constituyendo la mayor fuente de ingresos, tendrán que ser, a la vez que incrementados, sujetos a un manejo más estricto, sujeto a prioridades de desarrollo institucional. Estas prioridades estarán relacionadas a la promoción de ciertas áreas de conocimiento, programas de investigación científica y tecnológica, atención a grupos de la comunidad, proyectos innovadores dentro de la cultura y las humanidades.

b) Las instituciones deberán incrementar las fuentes de sus ingresos de manera sostenida. En este caso no nos referimos tanto a la elevación de los aranceles. Coincidimos con la opinión de que "No se justifica recargar a los estudiantes y a las familias el pago de un servicio y de un bien público, generador de la riqueza del país". Más bien nos referimos a que las universidades tienen aún un largo camino que recorrer en cuanto a la venta de servicios, programas de educación continua, programas especiales para estudiantes extranjeros, contratación de investigaciones por la iniciativa privada, vinculación con sectores productivos y regalías por concepto de propiedad intelectual. Por supuesto, aparejado a todo esto se encuentra la innovación en la producción de conocimientos.

c) Una actividad importante lo constituye la canalización de recursos provenientes de instituciones filantrópicas. Esta es prácticamente una actividad nueva en México que es necesario promover, pues existen un gran número de organismos públicos y privados, nacionales y extranjeros, de los que se pueden conseguir significativos recursos financieros para el apoyo de una amplia gama de actividades académicas y de desarrollo comunitario e institucional. En este sentido resulh también importante que las propias Instituciones de Educación Superior promuevan en México la labor filantrópica, por medio de fundaciones y la sensibilización de los sectores empresariales.

El tercer aspecto se refiere a que las Instituciones de Educación Superior no deben constituirse como organizaciones que se satisfagan a si mismas. Su fin último es proporcionar un servicio a la comunidad de la cual dependen. La sociedad mexicana tiene todo el derecho de exigirle a sus organizaciones de educación un uso eficiente de sus recursos y que sus egresados y sus investigaciones sean de la mayor calidad. Só1o así podrán justificar su presencia en la sociedad. En este sentido, la evaluación debiera ser parte de la vida cotidiana de las universidades, tecnológicos y escuelas pedagógicas. Estas evaluaciones no debieran ser frente al espejo, sino con la participación no só1o de pares de otras instituciones de educación, sino también de los diversos sectores de la sociedad. Es verdad que actualmente se realizan serios esfuerzos por impulsar la evaluación de nuestras Instituciones de Educación Superior. Pero debe procurarse que estos procesos no se conviertan en meros formalismos, sino que deben constituir una fuente de retroalimentación para aprender tanto de los éxitos como de los fracasos. Es la única vía para avanzar firmemente hacia el tercer milenio.

EL PAPEL DEL LIDERAZGO EN LA TRANSFORMACIÓN DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN MÉXICO Contenido

Un aspecto crucial para el desarrollo futuro de la educación superior en México es el que se refiere al liderazgo. A mi manera de ver la conducción de las Instituciones de Educación Superior en México ha estado constituida con una buena dosis de improvisación, pragmatismo e intuición. Programas específicos para preparar recursos humanos en los aspectos de dirección y liderazgo en instituciones educativas eran hasta hace poco desconocidos. Y me parece que en este campo hay mucho que hacer, de tal suerte que se tienen que intensificar los esfuerzos para crear verdaderamente una nueva generación de conductores de la educación superior en el país.

Actualmente, en una buena proporción de nuestras Instituciones de Educación Superior subsiste el viejo problema de la dicotomía academia versus administración. Desafortunadamente, en muchos casos las actividades y el desarrollo académico están supeditados a la función administrativa, y no al revés. En los casos más graves, la burocracia administrativa y el sindicalismo representan verdaderos obstáculos al desarrollo universitario. En buena medida no hemos sido capaces de crear al administrador-académico o al académico-administrador.

Para prepararse para el futuro, las Instituciones de Educación Superior necesitan de una nueva figura que supere a la tradicional del administrador. Se requiere de nuevos actores que promuevan la dirección y el liderazgo en nuestras universidades. Pero no se trata de transplantar, como se aprecia en lo que parece una moda actual los conceptos y métodos de 1as corporaciones a la universidad, sin duda, tenemos que aprender mucho en este sentido: pero es necesario formar procesos de dirección y liderazgo sensibles y expertos en las dimensiones del quehacer educativo, de la investigación social y humanística, de las artes y del papel cultural de la educación en México.

A nivel del sistema de la educación superior y de las autoridades federales en esta materia es preciso que se dé un liderazgo que sea capaz de, por lo menos, lograr: 1) La conducción hacia un verdadero sistema nacional de educación superior, articulado internamente y con un alto grado de intercambio de recursos e información y de cooperación. 2) La inclusión de una alta dosis de profesionalismo interdisciplinariedad y calificación en los diversos ámbitos institucionales a escala nacional y eliminación de todo vestigio de burocratismo. 3) La promoción de cambios innovadores en el sistema.

A nivel de las Instituciones de Educación Superior, el nuevo liderazgo debiera estar orientado entre otros aspectos, a los siguientes: I) el desarrollo de una nueva concepción de la gestión universitaria, basada en criterios académicos, pero descansando en las mejores tecnologías de la administración; II) la implantación de un sistema de planeación prospectiva que permita a la institución adecuarse oportunamente a los cambios económicos y sociales de su entorno; III) el desarrollo de una cultura de la vinculación, no sólo con los sectores productivos, sino también con el de servicios y el comunitario, que le provea de una dimensión autoevaluativa de su desempeño en la sociedad.

NOTAS Contenido

1Axel Didriksson T., La Universidad del Futuro. Un estudio sobre las relaciones entre la educación, la ciencia y la tecnología en Estados Unidos de Norteamérica, Japón, Suecia y México. Tesis para obtener el grado de Doctor en Economía. México, UNAM, 1993. p.217-218.
2 Ruy Pérez Tamayo, "El cambio mundial y la educación superior", en México y los cambios de nuestro tiempo, pp.208-221. Axel Didriksson T., op cit, p.221.

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